miércoles, 2 de noviembre de 2011

LA FOBIA


Introducción

La fobia desde Freud, se llamaba histeria de angustia. Sin embargo el concepto se disipó en síntomas tanto en la neurosis, como en las psicosis, o en períodos de infancia.
Entonces la pregunta es ¿de qué forma se la puede abordar a la luz de los conceptos lacanianos? Y si es posible hablar d e una estructura fóbica. Para Charles Merman, se trata de una enfermedad de lo Imaginario, punto central de la cuestión de la fobia.
Para comprender la propuesta de Lacan, hay que remitirse primeramente al estadio del espejo.[1] Más tarde Lacan desarrollará el nudo borromeo RSI.
La fobia, separa y distingue imagen, Imaginario y mirada. “Es la que separa y pone en relación el espacio de dos y de tres dimensiones”[2], justo lo que en el estadio del espejo, debiera juntarse. Opone escena y fuera de escena, poniendo fuera de ella un animal extraño, un cuerpo enigmático que causa miedo, sin ser un monstruo. Es este objeto fobígeno, el que permite ocultar la angustia fundamental del sujeto.
¿Es posible separar esta idea del cuerpo, que evoca goce de vida, de la imagen del cuerpo investida por el falo?, ¿Pensando justamente que el cuerpo tiene un efecto estructurante?.
Lacan desarrolla esta idea, cuando habla de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Lo Real, dice, es lo impensable. Es el punto de partida que permite vehiculizar un sentido. La práctica analítica opera ese sentido, reduciéndolo a ese algo. Y es en la medida en que el inconciente se soporta de ese algo, que podemos trabajar. Ese algo, es lo Simbólico.
El sentido, agrega Lacan, es aquello a lo cual responde algo que es diferente de lo Simbólico. Y solo es posible soportarlo por medio de lo Imaginario.
¿Qué es lo Imaginario? Se pregunta Lacan en el seminario 22, aquello que existe. Es lo que hace referencia al cuerpo. Todo lo que para él representa; es el reflejo de su organismo.
Pero la noción de cuerpo es su definición misma, lo que se presume que son sus funciones. De modo que lo que consta que el cuerpo existe, es esa mens (mente, mentira), porque esta dimensión se introduce por el lenguaje. Es decir que no sabemos verdaderamente si existe, puesto que es un saber supuesto por lo Real. Existe, no sabemos dónde, ya que nada nos da testimonio de su consistencia.
Es importante comprender la relación de estas tres dimensiones, para seguir la lógica que se suscita en la fobia, con respecto a la separación que se produce de ciertos elementos. En este sentido, Lacan propone pensarlos en una unidad mínima de anillos, que permanecen unidos. Si se saca uno, se liberan los otros. Pero a qué registro pertenece el nudo borroneo? Al del Imaginario. Es en tanto que se liga a lo Simbólico y a lo Real, que existe lo Imaginario. Es para sostener a lo Simbólico y lo Real, que existe lo Imaginario, como un cuerpo mínimo posible.
En la clínica de la fobia, en cambio, lo Imaginario no se resuelve en la imagen, ni en las dimensiones del fantasma del objeto a. lo Imaginario debe entenderse, como se explicó anteriormente, como uno de los constituyentes de la estructura del lenguaje, del lado del sentido. En el fóbico, nos mostrará la clínica, el sentido se desmorona, tanto como la cohesión tranquilizadora del espacio donde debiera encuadrarse el fantasma. En vez de estar la realidad regulada por este fantasma, surge lo Real de la mirada.
En la fobia infantil, señala Merman, se descompone el desafío: la simbolización en su lazo con lo Imaginario, es el lugar donde el fóbico paga su tributo a la sexualidad.

El nudo borroneo en la fobia
Al hablar de la fobia, Merman nos hace ver que hemos olvidado el tipo de goce que se organiza en la constelación fóbica. Para ello ilustra con un ejemplo cotidiano en el desarrollo infantil, a saber, el juego de las escondidas, que consiste en esconderse – en lo posible – con un compañero del sexo opuesto, para protegerse de un tercero amenazante.
Lo relevante, destaca el autor, es la relación con el compañero, ya sea de pareja, amigo, madre/hijo. Se produce un tipo de enlace polivalente, perverso, donde el erotismo está presente, en la medida que se encuentra un tercero, en un triángulo amoroso. Esto es la fobia, con el alcance, de que el fóbico ya no juega, sino que constituye su realidad. Aunque eso no quiere decir que no se encuentre algo de fóbico en cada uno de nosotros.
Desde otra perspectiva, es interesante analizar las fobias a espacios abiertos, por cuanto grafica cómo se conjugan una serie de elementos en dichas fobias. El acceso de angustia, nos dice el autor remitiéndose a la psiquiatría del siglo XIX, surge cuando aparece el agujero, ahí, donde no hay ningún detalle arquitectónico, algo que haga relieve, que ponga límites entre el fóbico y ese agujero. Pero qué es lo que hace tan heterogéneo el paisaje? Es el hecho de que los espacios están ordenados por líneas paralelas que conforman una perspectiva, con un punto de fuga hacia el infinito. Es ese punto el que desencadena la angustia. Es necesario agregar, que ello ocurre particularmente en lugares urbanizados, y no en el medioevo.
Para comprender el por qué esta analogía se hace necesaria para entender la fobia, caben algunas explicaciones acerca del estudio de la perspectiva. Para que las cosas parezcan verdaderas, deben ser deformadas, de manera que se entienda que ciertos objetos están más alejados que otros. Es decir, se debe aceptar que estamos frente a un mundo de representaciones, un semblant que nos ayude a que el mundo parezca verdadero.
Lo relevante en esto, es que este punto al infinito, el que permite crear la perspectiva, fobígeno, merece ser individualizado en el espacio, como la mirada, aquello que provoca el acceso de angustia en el fóbico. Es un lugar que se encuentra dispuesto de tal manera, que lo que se encuentra ahí presentificado es, como el agujero, algo que vale como la mirada. Y las líneas de perspectiva, viene a ser los rayos de aquella mirada.
¿Qué sucede entonces cuando surge de esta forma en el espacio, un objeto a? Se produce una disolución del fantasma, ya que éste, solo se sostiene si el objeto a no está ahí, si no se sabe desde dónde se es mirado. En consecuencia, junto con la caída del fantasma, se produce la disolución del sujeto.
Desde el momento en que el objeto a emerge, no queda nada del sujeto; es expulsado, y se produce una caída de la dimensión de lo Imaginario, ya que esta dimensión se sostiene solo en la medida en que la ventana del fantasma queda abierta. Es decir, se produce una caída del Yo. Ello podría llevar a una parálisis, y es por ello que aparece la angustia, para evitar dicha situación.
Pero cómo lo hace? Buscando un Yo suplementario, que pueda estabilizarlo, y que le permita sostenerse en ese eje Imaginario. (esquema L). Es manteniendo ese eje Imaginario a – a’ con el acompañante, que el sujeto puede conservar su espacio, una identidad, y puede afrontar lo que de otra forma estaría deshecho para él[A1] .
Es necesario recordar que el Home, es el lugar habitado por algún dios, nos dice Merman. Un lugar, donde el otro no está, pero a la vez, se encuentra demasiado presente. En el acceso de angustia, el espacio del Home no se debe entender como un espacio regido por lo Imaginario, sino como uno cuyo poder benéfico se agota con la distancia que se toma de él, como un espacio que no se sostiene sino por una especie de simbolización. Se encuentra recubierto por una posible simbolización, lo que explicaría por qué su poder benéfico se agota cuando uno se aleja de él. Pero qué condiciones produce el acceso de angustia?, esta surge en tanto para un parlêtre, viene a presentificarse el Otro, en esa posición sin límite, enigmática, a la cual no sabe cómo satisfacer, y no sabe qué es lo que hay que sacrificar para aplacar esa presencia, lo que le permitiría establecer un límite, un borde, una frontera. Ese borde, que diferencia el espacio mío del tuyo.
Quien está sujeto a estos accesos de angustia, el espacio se presenta como algo escurridizo, movedizo, porque una vez que ha salido de sí mismo, esa hiancia, ese agujero no tiene límite.
Pero por qué es la mirada la que emerge en ese espacio? Podemos suponer, dice Merman, que no ha pagado al Otro el tributo Simbólico que da estatuto sexual, e identificación sexuada. Es decir, se trata de alguien que no se introduce en el espacio a partir de la imagen de sí mismo, desde un estatuto Imaginario y Simbólico, que garantice su circulación.
El acceso de angustia se organiza en torno a una invitación del Otro a la castración. Sin embargo el fóbico se siente entregado a él, sin límite ni garantía de que el precio será pagado de una vez. El Otro es vivido como una boca (que lo devora).
En el dispositivo histérico, se trataría de encantar a esta bestia, de domesticarla, aunque en el intento, lo que hace es verificar que se trata de una bestia. Asimismo es posible encontrar esto en el inmigrante, siempre incómodo con su imagen. Este desentona en el paisaje, y al mismo tiempo es centro de él, de modo que se produce la conjunción de sentimientos de indignidad, y grandeza.
De alguna manera, la amputación del espacio mismo, viene a constituir en el fóbico, el tributo que debe pagar para reconstituirlo. Para los neuróticos, los espacios están delimitados, y el tributo ha sido pagado en el registro de lo Imaginario. El problema para el fóbico es que, como se dijo, ese tributo no tiene límite, de modo que puede darlo todo.
Entonces qué es lo que sucede en la fobia, desde el nudo borromeo? De los tres redondeles, lo Imaginario se encuentra expulsado, y en consecuencia, lo Simbólico y lo real, se encuentran desatados. Esto podría hacer pensar que se trata de la psicosis, pero no lo es, ya que para el fóbico, la represión originaria está en su lugar y lo Real y lo Simbólico subsisten. Pero sin embargo, el fóbico no parece querer pagar, o no acepta la castración.
Se podría pensar entonces, que lo que se produce en la fobia, es que el redondel de lo Real, recubriría el redondel de lo Imaginario. A partir de ese momento, todo sucedería como si el redondel de lo Simbólico fuese el que organiza el trenzamiento.
Es necesario recordar cuán refractaria es la dimensión de lo Imaginario a la percepción de la castración. Es ciertamente el campo de lo escópico donde la castración, por el mismo hecho de su imagen en su totalidad, es lo más fácilmente ocultada. En el fóbico, la castración aparece como un agujero sin límite, donde lo Simbólico no entra para ponérselo, y es en esta dimensión, donde la castración aparecería menos evidenciada.
En suma, en la fobia hay una relación con el semejante, cercana a la perfección, donde no es uno sin el otro, y donde todas las relaciones son posibles. No hay límites.

El nudo fóbico

Para desarrollar  el nudo fóbico, Merman retoma el Nudo “normal” de tres redondeles. Básicamente Lacan especifica que el redondel de lo Real, pasa sobre el redondel de lo Simbólico. Esto no significa que lo Real tenga preeminencia sobre lo Simbólico, pero que sí importa que esto suceda así. El redondel de lo Imaginario, es lo que asegura la consistencia del nudo.



 








Merman propone pensar qué pasaría si pensamos en la fobia, que el redondel de lo Real pasara sobre lo Imaginario, y a partir de ese momento, el redondel de lo Simbólico fuese el que le da consistencia al nudo, puesto que en la fobia, estas tres dimensiones se encuentran particularmente presentes, y en una extraña vinculación.












Pero por qué pensarlo de esta manera? Merman nos recuerda los dichos de Lacan, a saber, que lo Simbólico es lo que hace agujero, lo Imaginario la consistencia, y lo Real, es lo que funda la ek – sistencia.
En la fobia, aparece una relación singular entre lo Imaginario y lo Real. Es lo Imaginario lo que aparece como agujereado, como si la operación de la castración se produjera en este registro, cuando en los casos normales, la castración se encuentra escondida en este registro.
En la fobia, el espacio se encuentra marcado por esta amputación, por este agujero que desencadena la angustia. La fobia habita este espacio reservado, este agujero, con un efecto tranquilizador, que a su vez, se sostiene ella misma en este registro. No se trata de un sustituto del Nombre del Padre, sino del falo. Lo real viene a apoyar al redondel de lo Imaginario, siendo lo Simbólico, lo que da consistencia.
Entonces en la fobia es el redondel de lo Imaginario, lo que asegura la ek – sistencia, como el animal fóbico, que se caracteriza precisamente por sostenerse sin ek – sistir. “En cuanto a lo Real, aquí hace agujero”[3].
Otra consecuencia de esta operación, vendría a ser que el goce fálico se colocaría a nivel de esta amputación en el redondel de lo Imaginario, hecho por el del Real, mientras que el goce del Otro vendría a este otro agujereado.
Esto sucede así, porque es en el campo de lo Imaginario donde funciona al parecer, el carácter del límite, de lo prohibido, de la clausura. Y contrariamente a la forma en que se da en el neurótico, en el fóbico, se daría el acceso a lo ilimitado en la dimensión de lo Simbólico. Es decir que lo que se paga, la castración, se da en el registro de lo Imaginario, y los fóbicos no se encuentran en forma alguna inhibidos mentalmente por la castración.
Esta diferencia, introduce un elemento esencial, la relación con el animal fóbico en vez del Nombre del Padre. El animal fobígeno permite una relación con el falo, sin que ello implique una diferenciación de sexos, y produce una relación de fascinación yoica y particularmente libidinizada con su entorno.
Hay en la relación una inmediatez. Solo la distancia permite introducir una variación en la relación que se puede tener con un representante fálico, y no un elemento metafórico ni metonímico.
Ahora, retomando la cuestión de la angustia, Merman nos dice que en la fobia, es en relación a la angustia, que es posible modular el goce, y que haya momentos de sosiego, provocados por momentos de tensión. Es la angustia, la que sazona la existencia. El fóbico prescinde del Nombre del Padre. Es una persona que encanta, que atrae y seduce.





Bibliografía
§      (1974). Lacan, J. RSI.
§      (1999). Merman, Ch. Revista de la Asociación Freudiana Internacional. El nudo borroneo en la fobia. UNR Editorial. Argentina.
§      (1999). Merman, Ch. Revista de la Asociación Freudiana Internacional. El nudo fóbico. UNR Editorial. Argentina.
§      (2005). Quevedo, M. cátedra Psicoterapia Psicoanalítica. UAHC. Chile.



[1] En el espejo, nos encontramos inicialmente con un ser desorganizado. Hay un espacio real, y otro virtual. El ojo avanza hacia el mundo de la imagen, mientras que el espacio de lo Real se borra. El espejo plano, es lo que permite crear el espacio, diferenciar el Imaginario del real. El espejo en cierta forma hace de ley, que es la mirada de la madre. Es ella la que tiene el impulso de la pulsión escópica. Para que el niño fije su mirada en el objeto, es necesario que sea este objeto el que capte la mirada de la cría. Esto nos remite a la matriz de lo Simbólico, que permite a la cría reconocerse como especie.
Entonces una que el objeto ha sido captado por la cría, hay un investimento, que se devuelve y la cría capta al objeto nuevamente.
Esto explica cómo la madre cumple las tres funciones: como objeto, como ley, como deseante.
Como deseante, porque si la madre no carga libidinalmente al niño, éste no se diferencia de ella. Por su parte la ley, es el espacio consensuado, el del lenguaje.
Lo Imaginario, es lo que mapea y organiza el cuerpo. Y es gracias a la intervención del otro, que esto se hace posible.
[2] Fobia. Pág. 5
[3] Fobia. Pág. 84


 [A1]el fantasma?).

lunes, 3 de octubre de 2011

Donde no había nadie…


Desde hace algún tiempo, he estado viajando a un pueblo en el sur de Chile. Eran las cinco y media de la mañana la primera vez que llegué. Una niebla lo cubría todo, incluso la punta de mi nariz. Aun así, logré vislumbrar sombras de personas que estaban paradas en la calle? donde me bajó el bus. a una de ellas le pregunté por el hotel donde me alojaría. Me indicó que cruzara la plaza, y subiera media cuadra. Entonces me dispuse a caminar, sin saber por dónde iba, pero siguiendo la dirección de su mano. A los dos pasos, apareció un perro bastante grande, estilo siberiano, que se me acercó lenta y silenciosamente, y caminó a mi lado hasta un par de metros antes de mi destino. Luego, retrocedió y no lo vi más.
En el hotel, me recibió una mujer joven que me indicó que no servían desayuno, pero había tragos a cualquier hora. Y luego se despidió, mientras que yo me fui a dormir un rato. Las ventanas no cerraban, no había estufa ni agua caliente. Por cierto que la habitación estaba en mejor estado que la entrada que crucé para llegar a ella, donde abundaban grandes telarañas, una colilla de cigarro en el suelo, escombros, y la alfombra rota en la parte de las escaleras, de modo que habían desaparecido varios escalones.
Una vez hube despertado, quise bañarme, y como no salía agua caliente, busqué a alguien… alguien… cualquier ser humano. Pero no había nadie más que yo, las arañas y la colilla de cigarros. Mi compañera llegó, entramos y salimos reiteradas veces, ocasiones en que logramos ver a la misma mujer, encarnada a su eterno pijama rosado con pantuflas del mismo color, peludas. Parecía que durante el día dormía.
El último día nos aventuramos a pasear por todo el hotel desesperadas por encontrar a un ser humano. En la última habitación, había un sostén tirado en la cama, y en la pieza del frente se sentían fuertes ronquidos. Ahí evidentemente vivía alguien; su cartera colgaba de una lámpara, ropas tiradas, peineta y témperas en una mesa. Todo abierto… gritamos, tocamos timbres, golpeamos… hasta que la mujer apareció de una tercera habitación, no supimos cuál. Debimos avisarle que se había acabado el gas del hotel, nos increpó, y nos despedimos de ella, de la colilla de cigarro y de las telarañas, que luego de tres días, ya saludábamos.
Tras eso, nos fuimos a trabajar a una aldea cercana, pero nadie salía de sus casas, a excepción de una persona, que en todo caso pasó de largo, porque estaba más interesada en un funcionario del SERVIU que llegó después de nosotras.
Nos fuimos a Santiago.
Días después, cuando regresamos, llegué también de madrugada. Entonces me llevó un taxista a unas cabañas y me informó que no era posible transitar sola por la calle a esa hora, ya que era muy peligroso porque la gente salía de los pubs… (que tras días de recorrer con mi colega, no descubrimos nunca). Casualmente el dueño de las cabañas era su amigo, y vería si me podía recibir más temprano. Pero él no estaba en el pueblo, así que llamó a su hija, y luego ella nos abrió, en pijama rosado, con pantuflas del mismo color, peludas. Luego de negociar bastante, me permitió descansar en la cabaña y se fue a su casa, que quedaba al lado de ésta. Por la mañana, una señora apareció a hacer aseo y conversamos unos minutos con ella. Los días siguientes, pese a que tocamos insistentemente la puerta de la casa, llamamos por teléfono una y otra vez, nadie apareció. Ninguna luz se prendió nunca… y nos fuimos, dejando las llaves colgadas en la puerta, por si alguien las veía, y asociaba que eran del lugar.
Nos dirigimos a la aldea, a trabajar, pero nadie apareció. Esta vez tampoco había niños, ni perros, más que uno. Nadie.
Antes de irnos a Santiago, quise comprar cigarros. Siendo día domingo, estaba todo cerrado, pero un quiosco parecía estar atendiendo, y efectivamente estaba abierto… pero no había nadie. Le pregunté a la gente que pasaba por la calle, y me informaron que el caballero había ido a comprar los diarios. Era medio día, hora de almuerzo, y el bus estaba por partir. Solo yo y mi colega subimos a él. En el camino me preguntaba qué pensaría la gente de ese pueblo, si veían noticias, si protestaban… en qué se entretenían… pero a quién preguntarle. Solo alcancé a ver en una montaña un letrero que decía “no al lucro de la educación”. Sorprendente en un pueblo donde no hay nadie.

viernes, 26 de agosto de 2011

OJO CON EL GESTO


Corrían los años 86' 87' más o menos, cuando asistía al liceo. Venía llegando de un colegio aprticular, “izquierdista” (que da para un tratado por cierto...) y sin comprender mucho, me senté al lado izquierdo de la sala. No era casual. Era una obligación implícita sentarse según la postura política que uno tuviera... y que definitivamente había que tomar. En ese entonces, la situación era extrema, y transitábamos entre el sí y el no. la efectiva combinación de la historia con las técnicas publicitarias nos convencieron que la “alegría venía” (el slogan era LA ALEGRÍA YA VIENE). Y si bien estábamos en dictadura, y ya se había comenzado a instaurar la reforma educacional, aun gozábamos de más horas de historia, educación cívica, economía política entre otros ramos que han sido sacados de la currícula escolar. De ello podría destacar que leímos a Maquiavelo, aunque no por eso dejaba de preguntarme por qué todos los protagonistas de la historia eran hombres y además de piel blanca.

Por qué me acuerdo de ésto? Porque creo que no sabía que sabía. Años más tarde, en un momento más reciente de la historia, la revolución pinguina se hizo presente, disconforme con este cambio educacional del cual sus padres fueron testigos. Curioso. En dictadura, en transición a la democracia... y recién 20 años después, aparecern recién los primeros signos de descontento. El punto es que recordando las técnicas de guerra y de política, y quizás, hasta recordando las palabras de mi padre, miré con desazón el momento en que luego de tensas jornadas de protesta, el gobierno organizó una mesa de diálogo con los estudiantes. Cuando ocurre ésto, el movimiento se acaba, porque se diluye en la negociación.

No es casual tampoco, traer a colación los últimos años de dictadura, en las cuales sencillamente no fue posible el cambio más que desde una acción que creíamos radical, sí a la continuidad del mandato del General, no a lo mismo. Elecciones democráticas. Quizás ahí hay algo que rescatar... no se hablaba de reformas, así como el actual movimiento estudiantil tampoco las quiere.

Sin embargo, hoy ha aparecido la siguiente noticia en CNN “El Presidente Sebastian Piñera hizo un llamado urgente a retomar las conversaciones entre todos los actores sociales, para terminar con los tres meses de conflicto en la educación. Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, valoró el cambio de postura "y disposición a abrir una puerta para destrabar este conflicto".

Evidentemente el panorama es complejo, dado que las secuelas destructivas aledañas a las movilizaciones, y su amplia difusión comunicacional, han conseguido homologar la causa con los resultados indeseados. Como si no tuviéramos capacidad de discernir, se ha comenzado a escuchar reiteradamente el cansancio que, en todo caso con justa razón, siente la gente tras meses y meses de ver reducidos sus ingresos, saqueados sus negocios, quemados sus autos, muertos a sus hijos, torturados otros, pero desde un lugar subjetivo en que desaparece la conciencia del origen de lo que está sucediendo.

No todos tenemos la capacidad de manifestarnos caminando por las calles diciendo, “estimado ciudadano, estoy un poco en desacuerdo con mi educación, ¿tendría usted la amabilidad de modificar esta situación?”, luego, sin justificar los hechos violentos, sino apoyando la creatividad (les recomiendo youtube donde salen videos cantados, bailados, etc. en pro del cambio educacional) que no ha sido destacada en las formas de manifestación, es probable que con algo así, la petición no saldría en las noticias. Los hay, quienes definitivamente se aprovechan de las circunstancias, así como otros pseudo líderes sociales lo hacen también, de formas que parecen menos sancionables, pero no menos inmorales.

Con estos antecedentes, es de esperar que los dirigentes estudiantiles no olviden las antiguas enseñanzas de la historia respecto a los peligros de la mesa de diálogo, y sepan usarlo a su favor, sin dejarse presionar por la persión social, de los hechos de violencia que se han producido.

jueves, 25 de agosto de 2011

ENTRE LA GUATA Y LAS OREJAS


Veo la noticia de los estudiantes que llevaban 38 días en huelga de hambre depusieron su abstinencia alimenticia, mientras mis hijos duermen. Entre mi casa y la calle hay otra casa, autos, dos rejas, y nada pudiera hacer pensar que estoy a una cuadra del Estadio Nacional. Pero esta noche se escuchan algunos ruidos... disparos, gritos, helicópteros, cirenas de bomberos y ambulancias. Todo en el lapsus de algunos momentos. Luego, la luz se corta, y cuando regresa se activan todas las alarmas de los negocios, las casas y los autos. No sé qué pasa afuera... acá todo es calma, pero no dejo de pensar que estoy cerca del Estadio, que pese a la cantidad de partidos y conciertos que han pasado por sus canchas, tiene su pasado, que, como dicen mis colegas, cuando algo se niega, es porque está más presente que nunca. Supongo que escuchar lo que esta noche viene por mis ventanas, me recuerda viceralmente a ello. Y no veo nada... no puedo porque mis chicos duermen. Ellos están en calma, por ahora.

DESDE LO COTIDIANO, EN PRIMERA PERSONA


Conversando con un profesor al cual le han pedido que escriba un análisis sobre el efenómeno estudiantil de este año, comentábamos que el problema de la educación tiene tantas aristas, que se hace necesario centrarse en algunos puntos a la vez.

En este caso, hacía memoria de años anteriores. Para el 2003, las noticias acerca de los jóvenes, eran solo unas cuantas, en proporción de 1 cada mil noticias aproximadamente. Casi no se puede creer, pero así era. Con el correr del tiempo, esto fue aumentando y po supuesto, al momento de la “revolución pinguina” este número se acrecentó exponencialmente. En estos momentos, si bien es posible encontrar noticias al respecto, las declaraciones que acompañan las imágenes y el vivenciar diario de lo que ocurre se separan más que nunca "Pese a los incidentes, "La ciudad (Santiago) está funcionando normalmente, el transporte público en plenitud. Nuestra gratitud es para los trabajadores del Transantiago y los operarios del Metro que han posibilitado que esto ocurra de esta forma", aseguró Andrés Chadwick, vocero de Gobierno." (CNN Chile). Y si bien uno como madre trata de sobrellevar la situación con cierta liviandad, de explicarle a los hijos que no pueden ir al colegio, porque el aire está irrespirable, las calles están cerradas, los furgones escolares están siendo quemados y al paro se han sumado los buses del transantiago, los colectiveros, la CUT, los funcionarios de tres bancos, algunas cadenas de farmacias, la Universidad Católica, y que los vehículos de carabineros han sacado a las estudiantes del Colegio Compañía de María, mismo del cual egresó la hija de la diputada Lily Pérez, es imposible abstraerse de las declaraciones casi bizarras que se escuchan en la tele.

Me preocupa, que pese a lo evidente, haya alguna parte de nuestros nacionales que crean en lo que se dice... ha sido un día normal. Solo que no se puede salir a las calles, ni trabajar, ni asistir a clases, ni comprar en un supermercado, ni hacer visitas sociales. Casi podría decirse que este señor no pasaría la prueba de realidad... pero sabemos que no se trata de locura propiamente tal. En fin. No resulta anecdótico de contrastar, sin embargo, que en “días de calma” uno puede ver frente al Ministerio de Educación, completamente blindado de carabineros preparados para la guerra, rejas, zorrillos y todas esas cosas nuevas que tienen (en mis tiempos eran guanacos), una señora de no más de dos kilos de peso, abrigo rojo, rojo rojo, hablándole al aire, diciendo que ésto es una trampa del diablo. Carabineros, conteniendo la risa... todo parece fuera de su lugar. Y pienso, ésto no se trata solo de un movimiento estudiantil. La señora que le habla al diablo, las noches, todas las noches, acompañadas del ruido de los cacerolazos como en los viejos tiempos, y que son ejecutados por los adultos y ancianos, que hace tiempo salieron de las salas de estudio... la confusión de marchas... todo parece indicar que no se trata solo de la educación.

domingo, 26 de junio de 2011

Resumen EL PROBLEMA ANTROPOLÓGICO DEL FANTASMA (Jean – Paul Valabrega) (2011)



EL PROBLEMA ANTROPOLÓGICO DEL FANTASMA
Jean – Paul Valabrega

I.          INTRODUCCIÓN
El autor abre su exposición precisando que antes de presentar las generalidades que se desprenden de las investigaciones sobre el fantasma, es necesario dejar claro que todos los analistas coinciden en la creciente importancia que ha adquirido el fantasma en la práctica clínica, la técnica y la teoría.
Valabrega señala que para buscar los orígenes del concepto, es necesario investigar retrocediendo hacia un aspecto esencial del psicoanálisis mismo. Esto implica entonces, remontarse una y otra vez hacia lo anterior, recorriendo una cadena, cuya s amarras se anclan en la historicidad.
Pero es justamente en la interjección de estas amarras, o en los eslabones que faltan, donde encontramos el fantasma. Hacemos pues, agrega el autor, “a propósito del análisis, lo que hacemos en el análisis”.
Esto nos da pie para mostrar una primera indicación, a saber, la transformación, noción central en el desarrollo de esta exposición.
En segundo lugar, el hecho de remontarse en el tiempo, solo puede desembocar en el mito, que universalmente refiere al origen.
Con estos elementos, tenemos suficiente para dejar planteado el problema antropológico del fantasma, pero además, no hay otra forma de hacerlo, sino bajo la óptica de la antropología psicoanalítica. Con esto último, el autor recuerda que se refiere a la rama donde el desarrollo de toda investigación, es necesariamente desigual por un lado, puesto que a los antropólogos les falta la interpretación analítica en sus trabajos, mientras que muchas veces a los psicoanalistas, les faltan los datos que poseen los antropólogos.
Pero esta situación, no es solamente una cuestión metodológica, sino que evidencia el problema del reenvío de un campo a otro, del fantasma al mito, y viceversa. Es en este punto donde se encuentra el fundamento de la antropología psicoanalítica.
Finalizada la introducción, Valabrega considera necesario desarrollar las nociones que se han planteado.
II.         
Lo primero a desarrollar, tiene relación con las principales direcciones, comparaciones, relaciones clásicas y oposiciones acerca del estudio del fantasma.
1.         Fantasma y realidad
El papel que juega la realidad en el análisis, nos impide llegar al corazón del asunto, ya que lo real a lo que alude el paciente, es lo que precisamente muestra lo más aproximado del inconsciente. Es aquello que dice “Ya lo sé, pero aun así…”. Pero no es la realidad la que resiste sino el inconsciente. Es esta la transformación que es necesario operar aquí. Para entender mejor esta premisa, es necesario recordar que Freud partió de la realidad, del realismo, lo cual se entiende dentro del contexto histórico científico de la época. Sin embargo en el transcurso de su trabajo abandonó el realismo, descubriendo al fantasma. Al respecto es necesario destacar el papel del resto diurno en el sueño. Este recibe su función en el hecho de que en él puede entrar un fantasma, o este último, adueñarse de él. Se produce entonces un encuentro; una coalisión del fantasma con el símbolo, donde el elemento de realidad, debe ser4 buscado en el hecho mismo de la coalisión. Esto explica el hecho de que aparezca el resto diurno durante el análisis del sueño, en la medida que este sueño sea relatado. Por otro lado se advierte que en el transcurso del análisis, no es fácil distinguir el resto diurno del fantasma del sueño. El resto diurno se nos aparece como infiltrado por el fantasma, que es el que designa a ese resto, para desempeñar su función en la elaboración del sueño.
2.         Se ha planteado frecuentemente la cuestión de si el fantasma es consciente o inconsciente, o si viene del yo o el ello.
Al revisar al obra de Freud, nos encontramos con que el fantasma tiene un componente mixto. Asimismo, en el mito, hay dos formas, dos contenidos, dos lecturas, lo manifiesto y lo latente, lo consciente y lo inconsciente. Por eso los argumentos de algunos autores por unificar los conceptos, tales como fantasma consciente y fantasma inconsciente, como es el caso de Laplanche, se desmoronan ante lo que el psicoanálisis realmente busca. Es justamente desagregar los contenidos que han sido condensados en el sueño, lo que el psicoanálisis hace.
Lo mismo ocurre con la palabra fantasma y fantasía, cuyos significados son diversos en francés y en alemán. Pero no es posible afirmar a partir de esto, que el psicoanálisis abandonará la palabra fantasma, como un concepto específico de su disciplina. En el caso de la palabra fantasía, refiriéndose a los dichos de Lagache, el autor señala que el problema es que el término Phantasie designa simultáneamente una función y una producción; es a la vez imaginación y también lo que se imagina.
Estos ejemplos, nos llevan al hecho de que ciertas discusiones sobre el problema del fantasma, tienden a permanecer en un nivel meramente terminológico. Y por otro lado, todas las resistencias  dadas a propósito del sueño, con respecto a lo consciente y lo inconsciente, se vuelven a encontrar a propósito del fantasma.
También se ha relacionado al fantasma con la pulsión. Esta última, como la satisfacción primaria alucinatoria, con la sensación que sería la forma primera del fantasma, según S. Isaacs, con las necesidades, con los instintos, con la imagen de la percepción sensorial, con el recuerdo encubridor entre otros.
Llegando a este punto, el autor retoma nuevamente la obra de Freud acerca de la pulsión y del fantasma, “Lo inconsciente”. En este texto, Freud deja claro que la pulsión es y permanece por naturaleza inconsciente, y demuestra que la noción de fantasma se encuentra implícita en la dinámica pulsional y se desprende de ella, ya que la representación ideológica inconsciente es, el fantasma.[1]
El inconsciente entonces, no es un núcleo puro, sino un intermediario entre lo psíquico y lo somático. Freud nos dice que la doctrina de las pulsiones son nuestra mitología[i]. Mito, agrega el autor, que se descifra en la representación pulsional y sus transformaciones, es decir, en el fantasma. Freud también habla de ramificación, refiriéndose a la representación de la representación, que se entiende en un sentido dinámico, y en otro estructural. Citando a Freud, el autor rescata la idea de que las ramificaciones de los impulsos inconscientes, existen algunas que reúnen en sí, determinaciones opuestas. Es decir, por un lado presentan un alto grado de organización,, han usado todas las adquisiciones del sistema consciente, y casi no se diferencian de los productos de este sistema. Sin embargo son inconscientes e incapaces de consciencia. Cualitativamente, pertenecen al sistema preconsciente, y al inconsciente, y pese a su alto grado de organización, permanecen reprimidos y no son capaces de llegar al consciente. Su destino depende de su origen. Tanto las fantasías de las personas normales como de los neuróticos, son de esta naturaleza, de las fases preliminares de la formación de sueños y síntomas.
Lo que se quiere destacar de estas ideas, es que las pulsiones y los fantasmas se encuentran en estrecha y necesaria relación, puesto que los segundos son las representaciones de las ramificaciones pulsionales. Y que las pulsiones (seres míticos) y los fantasmas (seres mixtos), son ambos intermediarios.
En este punto es importante hacer alusión a la imago. Este concepto, si bien fue ampliamente utilizado en un primer tiempo, ha ido siendo desplazado por la noción de fantasma. La imago, entendida como la imagen inconsciente, está del lado del fantasma. Así, el fantasma quedaría claramente definido como el aspecto dinámico de la imago. También es un intermediario, entre la proyección y la introyección.
Son estas últimas observaciones, acerca de la pulsión, el fantasma y la imago, las que el autor considera relevantes como fundamento teórico para desarrollar el problema antropológico del fantasma.
3.         Entonces, teniendo presente a estos mixtos, intermediarios, - fantasmas y pulsiones - que definen las coordenadas de base de la doctrina analítica, Valabrega se pregunta acerca de la, o las leyes que presiden su formación y estructuración. Esta ley, es la de la transformación.
Esta no puede ser reducida a mecanismos que ya recibieron esta denominación, agrega el autor, así como tampoco a ciertas formas del discurso, a la inversión, o renegación. Sería mejor, precisa Valabrega, hablar de vuelco, pero por ahora, se hablará de ley de transformación.
Por otra parte, en este punto es importante notar que Freud da un vuelco desde el artículo sobre las Pulsiones, con respecto a cómo plantea el mecanismo de defensa del Yo posteriormente. La transformación, significa también un retorno al objeto narcisístico. Todo el alcance de la transformación reside, en el texto de Freud, en las palabras Verkhrung y Gegenwenwdung, de las cuales su sentido no alcanza a ser traducido en su real dimensión. Para Valabrega, la transformación en el sentido de ley de transformación, es la raíz del dualismo freudiano.
Considerando a la pulsión, ser mítico, e intermediario entre lo psíquico y lo somático, la transformación aquí consiste en la noción de conversión psicosomática. con respecto al caso del fantasma, éste se debe descubrir o interpretar, utilizando la ley de la transformación. En el artículo sobre Recuerdos encubridores, Freud ubica al fantasma detrás del recuerdo, donde se muestran ejemplos tales como “quien bien te quiere te hará llorar”, que se transforma en “quien te hace llorar, bien te quiere”. Es decir que por medio del intercambio de proverbios, podemos evocar una serie de producciones emparentadas con el fantasma. Así también ocurre con los cuentos, las leyendas, etc.
Pero además es posible ilustrar otros aspectos más amplios y precisos de la ley de transformación, que el autor considera como una de las leyes fundamentales de la fantasmática.
La tesis que nos propone Valabrega, es que no se opera ni exclusivamente, ni esencialmente sobre la materia misma del fantasma, es decir, sobre el enunciado mismo que de ella se desprende. Se opera entre el fantasma y el mito, y viceversa. Dicho de otro modo, para comprender el efecto de la ley de transformación, hay que introducir y conservar en la teoría de la bipolaridad: Fantasma-Mito.
El mejor ejemplo de esto, es el Epido. Si bien hay muchos autores que afirman que el Edipo existía gracias a que Freud era un hombre muy culto. Esta, en opinión del autor, es una explicación culturalista, que no muestra en su totalidad el proceso real que sucedió. Si el psicoanálisis descubrió el complejo nuclear, señala Valabrega, y posteriormente lo reencontró en el teatro antiguo, no es porque Freud haya leído a los griegos, sino porque el complejo se encontraba en el mito. Pero hay que aclarar que Freud fue a buscar el Edipo, ahí donde no se encontraba en forma manifiesta, es decir, en los sueños. Y posteriormente, en un retorno al mito, lo reencontró, dándole un nombre. En esto consiste precisamente la ley de transformación.
Ciertamente que en la tragedia de Sófocles no estaba todo dicho, sino el psicoanálisis habría nacido cuatro siglos antes de Cristo. El psicoanálisis esperó a que el mito se transformara en fantasma, se encontrara con el fantasma y se uniera a él, mientras que el mito no era ya el mismo, más que el fantasma transformado. Es por lo tanto a partir de este encuentro en Freud, que nace el psicoanálisis, y surge el complejo de Edipo como tal. Luego, cuando tuvo que completar la teoría del Edipo, Freud retoma otro mito, el de Narciso, a partir del cual da cuenta de los fantasmas psicóticos, que fueron bautizados por Freud como neurosis narcisística.
Por su parte F. Perrier observó que la referencia freudiana al mito, dado que es una constante, aparece como una necesidad interna de la teoría psicoanalítica.
Por donde se aborde el tema entonces, está la transformación del mito en fantasma y recíprocamente, del fantasma en mito, lo que lleva a hablar más bien de una ley de doble transformación o transformación recíproca. A su vez, la operación de nominación, interviene en el cruce mismo de la transformación. La operación de nominación viene a ser el tercer término, imposible de ser reducido al igual que el mito y el fantasma.
Esta operación de nominación, puede ayudarnos, dice el autor, a comprender ciertos fenómenos de la vida cotidiana, como por ejemplo:
·         La elección del nombre de algunos niños. Darle un nombre santo a un niño, es darle un nombre mítico. Es decir, que al momento de su nacimiento se opera transformándolo de niño fantasmático a niño mítico. La nominación interviene, en la encrucijada del mito y del fantasma. Es más, es consagrar al niño a un mito. Esto es lo que se quiere decir al afirmar que el niño preexiste, en el fantasma de los padres, y especialmente en el materno. Y ya en el fantasma materno, el niño ha sido objeto de una doble transformación que opera entre el fantasma y el mito.
·         Otro fenómeno más claro, es el siguiente: casi todos los niños, juegan a transformar las letras de su nombre, o a crear otro lenguaje. En estos casos podemos interpretar este juego, dice el autor, como la emergencia de la ley de transformación. La transformación procede del fantasma está en el origen del juego y lo sostiene. Además se dirige a un mito, en tanto el niño desea acceder a un personaje místico que otro él mismo. Es él mismo, ya que se nombra con las mismas letras, y otro, porque el segundo nombre es la transformación., que no tiene sentido sin la ley del primero. En ocasiones es posible encontrar durante un análisis, una clave y una raíz mítica de la vocación o el destino. Esto es lo que designa la dimensión mítica del sujeto, de modo que es posible observar la inserción de esta dimensión mítica, a través de una transformación, en el momento en que ésta se opera a partir del nombre, en el juego del nombre transformado.
·         Algo similar ocurre en los encuentros de la realidad y de la ficción. La nominación cobra importancia en estos fenómenos, ya que surgen en el momento mismo en que se los nombra, y no de otro modo. Un ejemplo claro, es el del encuentro entre la función y el nombre, así, el cura que se llama Sacerdote, aunque suene cómico. Pero ahí no se trata de la realidad, sino de los encuentros con el símbolo. El autor sostiene, que “Es un cruce del fantasma y del símbolo que, de pronto, confiere una dimensión mítica a la relación entrevista, y que se traduce ya por la risa o ya, más profundamente, por un estado específico de perplejidad”.
o    Respecto a este mismo estado de perplejidad, es destacable también lo que sucede a nivel inconsciente, los efectos de la ley de transformación se dejan ver cuando los enunciados sitúan al autor y al oyente en ese mismo sentido de perplejidad, porque deja ver bruscamente la otra dimensión – fantasmática o mítica – del enunciado. Por ejemplo, podemos encontrar la Filosofía de la miseria, y la Miseria de la filosofía. Podemos ver, que los enunciados se prestan para la transformación, y entre las preposiciones, demuestran ser muy propicios. El determinativo, abre por sí mismo una vía para la transformación.
Por otro lado, esta transformación también es un “truco” técnico. Como es una ley de formación del fantasma, se la puede aplicar al sueño o a cualquier otro enunciado. La transformación aparece, como el revelador del fantasma.
o    Con respecto a la perplejidad ante el sueño, habrá que referirse a la temporalidad. Cuando se estudia el mito y el fantasma, y se muestra que el análisis del fantasma prueba que necesariamente desemboca en un mito, y que por lo tanto estos dos no pueden separarse, se descubre que la ley de transformación opera en todos los planos. Por lo tanto, se podría afirmar que también hay transformación del tiempo en el espacio y viceversa. Es por eso que el estudio de la temporalidad en el mito, en el fantasma y en el sueño, es lo que permitirá percibir determinados rasgos de la naturaleza de ese proceso.
El tiempo es el mismo en el mito, el sueño y el fantasma; es un pretérito indefinido. Como en los cuentos, “había una vez”… asimismo en lo que respecta a los sujetos a los que esas producciones se refieren, siempre hay un sujeto indefinido, un Se o un Ello (Es). Estas producciones, por otra parte, son las que pueden proveer el dato intuitivo más aproximado, del Es de la tópica analítica.
La ley de temporalidad – pretérito indefinido - en el mito, el sueño y el fantasma, es una transformación también indefinida, en el sentido Unendlich, sin fin.
La ahistoricidad, ese carácter designado por Freud, como uno de los predicados del sistema inconsciente, no es la ausencia de historia. El autor critica a los analistas que prescinden el hecho de interpretar el presente en términos de pretérito y viceversa, como la técnica por excelencia de la interpretación de la transferencia, ya que esto sería una interpretación grosera de la ley de transformación.
Más bien, esa temporalidad del pretérito indefinido le corresponde a todo acontecimiento fechable, tanto en el sueño como en el fantasma, el acompañamiento ineludible de la perplejidad. El análisis de esta sensación, muestra por demás, que ésta descansa y la demuestra, en la adhesión confusa de un efecto de transformación. En efecto, la perplejidad es la actitud específica del soñante, que luego al comenzar su narración dice “tuve un sueño curioso…”, lo que alude no solo al contenido, sino a la situación misma del soñante.
Es así, como el trabajo del sueño se efectúa según un pasaje de resto diurno, fechable, no obstante, el sueño propiamente tal, escapa al tiempo, dado que se encuentra con el fantasma inconsciente – por medio del resto diurno - , de manera que esta fórmula en pretérito indefinido, tal como el mito, traduce la transformación de lo temporal a lo atemporal, en el sueño, y en los fantasmas que lo sostienen.
o    Como tercer punto, Valabrega nos invita a observar las excepciones en etnología. Todos quienes estudian rituales, mitos, las leyes que rigen las agrupaciones humanas, considerando estos datos bajo un ángulo comparativo, saben que siempre surgen excepciones a la regla. Pero en realidad estas no son, en opinión del autor, las que confirman a la regla, como se dice habitualmente, sino que marcan la transformación sobre todo aquello que en el mito  o el ritual, suponen una extensión universal. Pero para llegar a esta integración de la excepción concebida como transformación, es necesario restablecer la libre circulación entre el mito y el fantasma, puesto que dicha circulación, es el principio de la ley de transformación, la fundacional de las demás leyes. De este modo es posible afirmar que el fantasma edípico, es la transformación de la ley de la prohibición del incesto, que es la ley universal prototípica.
4.       Para terminar, a Valabrega le parece imprescindible volver sobre la proposición de que el mito dice las cosas claramente.
Es precisamente, lo que se dice claramente, lo que no se puede ver, a no ser bajo ciertas condiciones relacionadas con la transformación del mito en fantasma y recíprocamente. No se puede ver, y sin duda en el mito de Edipo, éste debe perder la vista, al tiempo que lleva a cabo sobre sí, la castración.
El hecho de que el mito diga cosas que no se pueden ver, sin pasar por las condiciones descritas, es lo que el autor intenta retomar con el siguiente ejemplo.
Respecto a las manchas corporales, éstas pueden encontrarse en cualquier parte y con diversas características. Estas, sin embargo, no tienen la misma significación que un lunar en una determinada zona por ejemplo. En todas partes, existen numerosos mitos acerca de esas pequeñas manchas, como el que dice el antojo no satisfecho de una madre embarazada, queda posteriormente marcado en una pequeña mancha en el cuerpo del niño.
Lacan insistió a menudo en la mancha, la huella o la impresión como significante, en este caso del deseo, y como representante de un sujeto para otro significante, ya que la mancha es el objeto de una transmisión. Todo esto, se encuentra expuesto claramente en otra parte, en un mito. En este sentido, el autor concuerda con S. Leclaire, quien sostiene que la teoría ocupa el lugar exacto del mito.
Pero volviendo al ejemplo de las manchas, hasta aquí han quedado algunas cosas claras, pero es necesario retomar al fantasma. En primer lugar, la manchita o el antojo, tienen una gran importancia para la madre. La mancha, es un signo distintivo, el cual hará a su hijo siempre reconocible. Esto alimenta a su vez, una serie de otros mitos.
Ahora ¿qué muestra el análisis del fantasma? Continua el autor, que para el niño la mancha es de origen paterno. Lo que lo marcó es el encuentro entre el pende del padre y su esperma durante el coito, cuando el niño se encontraba en el vientre materno. Después de este descubrimiento, podemos ver lo que se dice claramente, a saber, que el antojo de la madre, es la envidia del pene del padre.
Con este ejemplo, se puede ver claramente el punto preciso en que se ubica y opera la transformación. En el mito, el origen de la mancha, del antojo, es la madre. En el fantasma, es el padre. Así, un fantasma reenvía siempre a un mito, y un mito siempre remite a otro mito. Entonces finalmente la pregunta por el origen nunca obtienen una respuesta en el tiempo, sino en un mito.


[1] “la antítesis de “consciente” es “inconsciente” carece de aplicación al instinto. Únicamente puede serlo la idea de que lo representa. Pero tampoco en lo inconsciente puede hallarse representado más que por una idea. Si el instinto no se enlazara a una idea ni se manifestase como un estado afectivo, nada podríamos saber de él. Así, pues, cuando empleamos una expresión inexacta hablamos de impulsos instintivos, inconscientes o reprimidos, no nos referimos sino a impulsos instintivos cuya representación ideológica es inconsciente”


[i] La creación literaria y La angustia y la vida instintiva.