viernes, 3 de agosto de 2012

“LA ETNOPSIQUIATRÍA”, Laplantine, F. Pág. 73 - 111 (síntesis)



“LA ETNOPSIQUIATRÍA”, Laplantine, F. Pág. 73 - 111


LOS CUADROS CLÍNICOS DE LA PSIQUIATRÍA METACULTURAL


Laplantine comenta el método desarrollado por Develaux, L. “psiquiatría metacultural” surgida de la relación complementaria entre el enfoque etnológico y el psiquiátrico. Esta técnica consiste en comprender y curar a los enfermos mentales, en función de los conceptos de acultuación y deculturación.

El psicoanálisis, explica, ha mostrado que existe un origen infantil a la base de las enfermedades mentales. El hecho de no haber logrado establecer una verdadera relación con el entorno inmediato, hace que cualquier suceso pueda reactivar en el individuo fragilizado por su pasado, una experiencia infantil que lo sumerja en el universo neurótico de la culpa o un mundo más arcaico y doloroso como el de la psicosis.

Sin embargo, en opinión del autor el descubrir este origen y corregirlo, no solucionaría el problema por sí solo. Es por ello que la etnopsiquiatría muestra que hay múltiples entradas en este cuadro etiológico, donde lo microsociedad y la macrosociedad se articulan. Lo biológico, familiar, económico y político, se encuentran en una interdependencia tal, que no es posible buscar un único causante de la situación.

Cabe aclarar, que si bien tomar la perspectiva psicoanalítica para afirmar que la enfermedad mental se produce a partir de una regresión psicoafectiva corresponde a una postura determinada cultural, el autor identifica como un hecho universal, que suceda por esta causa. Y existirían distintos grados de regresión también a nivel de sociedades, pudiendo identificar unas más anales u orales. Se podría hablar de culturas neuróticas o psicóticas (aquellas donde la regresión es masivamente favorecida y la autodestrucción instituida como modelo.

Pero qué es la enfermedad mental? “… es la tentativa desesperada de reorganización de la personalidad, pero que siempre se efectúa en detrimento del Yo, el cual no puede ya cumplir su doble misión diferenciadora de individuación y de socialización. En individuo se encuentra acorralado contra defensas funcionalmente costosas.”[1] Nos dice el autor. En esta tentativa fallida, las pulsiones despojadas de cargas afectivas regresan al estado libre, invadiendo el campo psicológico y cultural desestructurado. Por lo tanto, en este proceso el sujeto se deshumaniza y a la vez se desocializa, ya que toda sociedad tiene en principio, un sistema de defensas para el Yo, puesto que si estuviese completamente al servicio del súper yo o del ello, la cultura dependería a desaparecer.

El autor agrega que la enfermedad mental, además es una deculturación. Esto quiere decir, que surge a partir del despojo del contenido cultural de los materiales culturales (por ejemplo, cuando un auto deja de ser lo que es, rueda, puerta, etc. Y pasa a ser un objeto de culto), lo cual se puede producir por ejemplo, en la lógica de un mundo cerrado donde la ambivalencia de lo simbólico ya no habla, siendo negado a favor de un sistema que ya no nos remite a ningún mito.

En este contexto, la psiquiatría metacultural busca distinguir:

-            Comportamientos que son reinterpretados en términos de una significación latente implícita, que ya no es admitida en la sociedad en que la persona vive (si una piedra es un fetiche, no la deculturo, sino que le asigno una matriz primaria que la sociedad reprime).

-       Comportamientos puramente patológicos, es decir, aquellos que se separan no de las normas culturales, sino de la capacidad de todo ser humano para utilizar los materiales que la cultura le brinda para comunicarse con los demás. 

Este segundo punto, es el que interesa desarrollar al autor, a partir de la idea de que la deculturación es una enfermedad de la des-simbolización, la que si se lleva al exceso, “puede conducir a los sujetos a elaborar rituales vacíos de significación cultural, y a que las sociedades destruyan los fundamentos mismos de su propia existencia”.[2]

En principio, todos reconocemos de igual manera a la cultura, y somos capaces de tomar cierta distancia. Pero en el caso del psicótico, sucede que éste niega la existencia de una exterioridad y de un sistema simbólico común. La cultura entonces, deja de ser utilizada como tal, y pasa a ser el soporte de un deseo que no puede ser comunicado por el individuo ni si quiera por medio de la palabra.


LA EXISTENCIA DE SOCIEDADES LOCAS


Pero además de las explicaciones acerca de lo que le pasa al sujeto en, o fuera de la cultura, existe un debate, acerca de las características de las culturas como tal, pudiendo caracterizarlas como un sistema que también puede estar más o menos psicotizada o neurótica en su conjunto.

               I.            Así, el autor señala que hay culturas que exigen demasiado a los miembros que la componen. Son, sociedades estructuradas que no satisfacen ni mínimamente las pulsiones de los sujetos, exige grandes renunciamientos (sociedad hitleriana, psicótica). Finalmente, estas culturas tenderían a desaparecer ya que la resistencia psíquica de los individuos, quienes solo tienen una capacidad limitada para reprimir.

             II.         Otras culturas, no exigen bastante de sus miembros. Generan sistemas de defensa por medio de los cuales los conflictos entre los grupos sociales, son negados, o recusados por medio de una negación sistemática de lo real. Estas sociedades fundadas en artificios culturales, parecen funcionar perfectamente; amortiguan los golpes, previenen los obstáculos. Pero finalmente, nos dice el autor, son engullidas por el proceso inverso a la cultura descrita anteriormente, es decir, por su propio delirio.

Para concluir, Laplantine sostiene que una sociedad se hunde en una enfermedad mental cuando:

1.       Los mecanismos de la aculturación son excesivamente violentos y brutales, ya que al no permitir nada más, la cultura se autoasfixia.

2.       Cuando los mecanismos de defensa utilizados en contra de la acultración, muestran demasiado celo y se tornan colectivamente delirantes, ya que al pretender evitar a toda costa que los individuos se angustien con la realidad, se corre el riesgo de percibirla finalmente.

           III.                   Hay otras culturas, que sin ser completamente mórbidas en cuanto a su funcionamiento, favorecen la formación de una o más matrices patógenas, a partir de rasgos de comportamiento que tienden a difundirse en su medio, haciendo difícil la vida en sociedad.

           IV.                   Finalmente, la existencia de sociedades enfermas, inmaduras o desdichadas, supone que el sujeto que introyecta las normas de su grupo, se enferma tambi8én, tornándose inmaduro o desdichado. En cambio en las sociedades sanas, como la africana por ejemplo, los individuos asimilan su cultura, y al hacerlo, logran una individuación y socialización reales.

Entonces se podría decir que no es posible llegar a la cultura si no es por medio de esta misma, lo cual conduce a pensar que dado el carácter deculturante de la cultura, tendemos a convertirnos en el enemigo de nuestra propia sociedad. Es decir, nos convertimos a su vez, en enemigos de nosotros mismos. En tales condiciones, la acción terapéutica se convertiría en lo contrario de un proceso de adaptación a la ley de la mayoría. Pero tampoco se trata de ubicar a la antipsiquiatría en el lado de la inadaptación y la rebeldía.


LAS ENFEREMEDADES MENTALES EN LAS “SOCIEDADES PRIMITIVAS”


En este capítulo, Laplantine se introduce en la comprensión del campo semántico en el que se inscriben las figuras de los sagrado y lo patológico en las sociedades llamadas “primitivas”.

-          Una primera trampa, consiste en afirmar que en algunas sociedades no existen las enfermedades mentales. Sin embargo, no se puede negar que hay culturas tradicionales, que tienen una “orientación terapéutica”, dado que favorecen la inserción del individuo en su grupo, ya que por medio de una comunicación constante (entre cantos, danzas, juegos, etc.), liberan emociones y tensiones que habitualmente tenemos reprimidas. Constituyen además, manifestaciones religiosas usualmente fundadas en el optimismo y la confianza en la vida. Esto no quiere decir que dichas sociedades no tengan conflictos. La intensidad de angustia que sienten los miembros de estas sociedades, resulta igualmente intensa que la de nosotros, cuando nos encontramos frente a la adversidad de un algo sobrenatural que no logramos nunca dominar, o frente a los deseos considerados nocivos dentro de una tribu vecina.

Estos factores, señala el autor, favorecerían estados de sobreexitación patológica, los cuales no por ser aceptados culturalmente dejan de ser patológicos.

-          Una segunda trampa, completamente inversa a la anterior, consiste en reducir a comportamientos neuróticos, la aparente absurdidad de los sistemas religiosos, de los rituales de brujería y las prácticas terapéuticas. Desde una antropología racionalista, el pensamiento médico -  mágico de los “primitivos”, damos por hecho que existe en alguna parte una realidad ideal y crear “valores verdaderos”. Creemos que somos más autónomos y conscientes que los “primitivos” a quienes vemos enredados en sus “supersticiones” e “ilusiones”. Sin embargo, nos dice el autor, con esto corremos el riesgo de no darnos cuenta que tras esos sistemas míticos y mágicos, subyace finalmente, la misma lógica del racionalismo que funda el sistema tradicional del humanismo occidental.

-          Entonces se debe tener claro que:

1.       Las estructuras generatrices de las enfermedades mentales funcionan dentro del mismo campo semántico en todas partes.

2.       La inteligibilidad de dichos trastornos para un grupo social, no es un problema que incumba al saber médico por ahora, sino que se encuentra ligado a la lógica coercitiva del ámbito cultural desde el cual surge.

3.       Puesto que los hechiceros, chamanes, terapeutas africanos, no curan ni más ni menos que los psiquiatras occidentales, también podría entonces, llamárseles psiquiatras.


LA PROXIMIDAD DE LO PATOLÓGICO Y LO SAGADO EN LAS SOCIEDADES TRADICIONALES


-          Los diferentes procesos de la enfermedad mental, así como también los diferentes medios por los cuales se intenta curar, se inscriben siempre, en las sociedades tradicionales, al interior de representaciones colectivas que se encuentran en la categoría de lo sagrado. Ya sea que las manifestaciones patológicas sean valorizadas como algo positivo o no, son ante todo, percibidas como epifanías. En estas condiciones el diagnóstico consiste en identificar al espíritu que se manifiesta por medio de los síntomas del enfermo. Y antes que curar al enfermo, lo que interesa es reunirse con lo sagrado, tratando por medio del diálogo, determinar por qué le ha tocado la experiencia a dicho enfermo y no a otro.

-          Esta comprensión etiológica de la enfermedad mental, forma parte de un sistema coherente que funda toda concepción de existencia, y no se podría afirmar que es menos científica que la psiquiatría occidental, puesto que lo que ha hecho (la psiquiatría), es traducir el lenguaje de los mitos a otros lenguajes menos angustiantes y más comprensibles para nuestra mentalidad. Las explicaciones que encontramos acerca del origen de las enfermedades, entonces, en una y otra cultura, tiene relación con lo que la cultura desde la cual se mira la enfermedad, ha preestructurado como modelo susceptible de ser apreendido por ésta, respecto de las manifestaciones de felicidad o desgracia. Tanto el chamán como el psiquiatra, al aplicar sus métodos de curación o atención a los síntomas del enfermo, encontrarán pruebas de que el tratamiento – ya sea farmacológico, terapéutico, o de ritual – ha resultado positivo para su mejoría.

Los aspectos anteriormente descritos, permiten al psiquiatra, desde la antipsiquiatría, operar ya no desde el contenido de una cultura en particular, sino desde una posición en la que se ha liberado de sus propias escotomizaciones (una ceguera psíquica específica y selectiva en la que el sujeto desaparece de su conciencia recuerdos desagradables), y puede entonces, hacer una discriminación crítica acerca de lo normal y lo patológico, independientemente de los contextos institucionales de una cultura dada.

-          La psicopatología africana, ha descubierto mucho antes del surgimiento de los psicoanalistas y de la psiquiatría, la dimensión sociológica de la locura que acabamos de describir. En efecto, ellos tuvieron la intuición de que una persona se vuelve loca a partir de los conflictos y tensiones demasiado intensos entre significaciones antinómicas que se desarrollan en el seno de la sociedad en el que vive. Y por otra parte, que la enfermedad mental no es, por tanto, un problema de la exclusiva incumbencia de la medicina, sino que también, de un ritual colectivo cargado simbólicamente de las emociones de todo el grupo.

-          Más allá de la comprensión de los fenómenos psicopatológicos en las distintas sociedades, es sabido que las psicoterapias curan efectivamente. Sin embargo, es frecuente que esto no suceda cuando se le intenta aplicar a una persona que proviene de otra cultura, la cual puede llegar incluso a empeorar en su estado. Basta que sea trasladado a su tierra natal, y se ponga en manos de un hechicero por ejemplo, para que mejore. Esto sucede porque la condición esencial para el éxito de una práctica médico – mágica, es que haya un estrecho vínculo entre las partes involucradas, es decir, entre el enfermo, el curador y la sociedad, en un acto absoluto de fe común. Lo más relevante de esto, es que es la sociedad en la cual se da el tratamiento, la que funda un consenso social capaz de vincular al enfermo y al curador, en el proceso de elaboración de una misma respuesta frente al desequilibrio mental.

-          Se plantea entonces, la pregunta sobre las relaciones que unen al psiquiatra, a la enfermedad y al enfermo.

1.       La enfermedad mental signo de una elección: el enfermo héroe y el psiquiatra loco.
En algunas sociedades las perturbaciones mentales son vistas como signos bienhechores de una elección que debe ser completamente asumida y cultivada. Por tanto, no es extraño que el sujeto busque incluso, deliberadamente este estado. En estos casos, el trance mismo es reconocido como un instrumento de comunicación superior, y es manipulada y controlada por el grupo. Se convierte entonces, en un acto psiquiátrico por excelencia.
Esta interpretación de lo patológico, puede tener diversos matices. En algunos casos se le felicita al afectado, y orienta para tomar en contacto con el mensaje que probablemente le quieren entregar seres superiores por medio de sus síntomas. En otros casos, lo que se busca es asignarle un nombre a las entidades extrañas que han invadido al individuo. Otros pueblos, incluso, reconocen explícitamente la locura del médico y su familiaridad con aquel a quien deben curar. En todos estos ejemplos, las manifestaciones son de características histéricas, espectaculares, situándose, al decir del autor, a medio camino entre la posesión y la teatralidad.
Por último, respecto a este punto, cabe añadir que para la antipsiquiatría, la alienación mental también se trataría de un lugar privilegiado, en tanto se trata de una oportunidad para superarse a sí mismo por medio de la percepción de una verdad que para los seres comunes, es difícil de discernir.
2.       La enfermedad mental, signo de una agresión: el enfermo, y el psiquiatra exorcista.
Mientras que en los casos precedentes los síntomas son siempre bienvenidos, acá son vistos como manifestaciones que deben ser erradicadas a toda costa del sujeto. En este caso el grupo exige que no haya nada en común entre el enfermo y el terapeuta, el cual debe ser además, ajeno y exterior a la relación que une al loco con su locura. Así, podemos encontrar por ejemplo, el exorcismo como cura a la posesión demoníaca. Lo que se busca con esto, es acallar los síntomas, para que el sujeto pueda ser readaptado a su medio.

3.       Es el chamán un médico loco?
El caso del chamán resulta desconcertante, nos dice Laplantine, ya que se encuentra en el límite de lo sagrado, lo patológico y lo médico. Diversos estudios sitúan al chamanismo, como un fenómeno cultural dentro de su propio contexto, por el hecho de haberse instituido y difundido, dos condiciones fundamentales: para convertirse en chamán, se debe enfermar gravemente, volverse loco y continuar en este estado. Y, su enfermedad, no tiene relación con compartir creencias deculturantes de su sociedad, sino en estar siempre inmensamente más atacado que la mayoría de los integrantes del grupo, a los cuales, contribuye a alienar.

4.       Es el psicoanalista un hechicero?
Como directriz central de este texto, nos dice el autor, la opción de abordaje de las enfermedades mentales es la psicoanalítica. Pero también es la de los Thonga. Al igual que ellos, Lapalntine piensa que la enfermedad mental empobrece al ser humano, le impide desenvolverse libremente utilizando su razón y su imaginación, desintegra a la persona, y socaba los conocimientos de la comunicación social. Es decir, que la enfermedad mental está lejos de ser una transformación interior que conduce a un estado de mayor lucidez, siendo más bien, un estado de alienación, en tanto implica la imposibilidad de acceder por medio de la palabra a esa mínima relación con los demás, que finalmente es la que nos constituye como seres de cultura, como seres humanos.

El psicoanálisis se diferencia de los Thoga sin embargo, en que no exige que el saber se alce como barrera entre el enfermo y el médico, a la vez que afirma la diferencia y la identidad común, ya que no todos estamos enfermos, pero todos podemos estarlo.

Por otra parte con el chamán vandau, Laplantine dice encontrar similitudes con el psicoanálisis en cuanto ambos intentan producir una experiencia, proporcionando al paciente un lenguaje en el cual pueda expresar sus emociones, las que hasta ese momento han permanecido reprimidas. En ambos casos, se rememora un mito que es reconstruido, y el cual ayuda al paciente, a tomar conciencia de sus conflictos.

Al igual que los chamanes, el psicoanálisis, insiste en la necesidad de un total compromiso afectivo (transferencia y contratransferencial) entre el terapeuta con el paciente. Se establece en este vínculo, una relación con la locura, tanto del paciente, como de la propia locura del psicoanalista. Se produce una doble relación de inconscientes que se espejan.

En suma, una persona se convierte en psicoanalista de la misma forma en que se convierte en chamán: después de haber afrontado una experiencia iniciática enloquecedora. El psicoanalista debiera haberse enfrentado al menos una vez, con su propia enfermedad mental, con la “neurosis de transferencia” de la cual no padecía originalmente, y que el analista ha producido en él, para derribar sus defensas y resistencias. Y solo después de haber pasado por este episodio patológico, y de haberse curado en el diálogo analítico, estará en condiciones de ejercer como psicoanalista.


LA EVOLUCIÓN Y LA TRANSFORMACIÓN DE LOS SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDAD MENTAL EN LAS SOCIEDADES TRADICIONALES


Para cerrar este capítulo, Laplantine aborda el problema de la locura desde un punto de vista histórico, con el propósito de mostrar cómo los principales síntomas “neuróticos” y “psicóticos”, son construcciones colectivas que evolucionan y se transforman conjuntamente con la evolución y transformación socioeconómica del grupo.

1.       En los estados más arcáicos de la modernización económica, podemos identificar a sociedades que parecen estar perfectamente integradas. El individuo se percibe a sí mismo como parte de un grupo (en simbiosis con este), fuera del cual, carece de existencia propia. En este caso la enfermedad mental aparece a causa de un rechazo de la identidad clánica. El riesgo es de caer en un estado histércio, donde el sujeto inventa rituales de hechicería y cultos e posesión obsesivos. Esta locura sin embargo, no se propaga, y el desencadenamiento del trance es controlado, organizado y dirigido en provecho de la comunidad, la cual consigue por medio de estos ritos, reingresar al individuo a las convenciones y leyes sociales.

2.       A medida que las sociedades evolucionan a una economía basada en la explotación sistemática de la naturaleza, el individuo adquiere cierta autonomía en relación al sistema anterior, y toma algo de distancia de su entorno natural y cultural. En estos casos, la enfermedad mental surge como reacción a una deficiente integración clánica. Los rituales de brujería son reemplazados por rituales de brujería, y buscan recobrar la identidad ancestral perdida. A medida que la sociedad avanza, la locura como mito colectivo, pasa a ser locura de dos, tres, cinco…

3.       Por último, Laplantine hace referencia a la enfermedad mental en las sociedades del “Tercer Mundo”, las cuales han estado sometidas a un violento traumatismo de acumulación.

Vemos, dice el autor, cómo pueblos enteros pasan sin transición, de una mentalidad comunitaria donde se le enseña a los sujetos a generar lazos afectivos, a una mentalidad capitalista en la cual es necesario pelear y pensar solo en uno mismo, rebelándose contra los demás para poder subsistir. Pasan de una concepción hedonista y tradicional del tiempo, a otra evolucionista y progresista que niega y denigra toda producción cultural anterior. En suma, esta nueva cultura impone a los individuos comportamientos diferentes y carentes de significado, obligándolos a destribalizarse. Se multiplican además los roles, a veces contradictorios. Estas discontinuidades culturales, producen un alto monto de stress y violencia, arrojando a poblaciones enteras en la enfermedad mental. Los efectos de esta destrucción del equilibrio sociológico, se traduce en un conflicto desgarrador para el individuo entre la sumisión a las normas ancestrales, y la aceptación de los nuevos valores completamente extraños para el grupo. Al ser estos contradictorios, y no poder introyectarlos, la situación se torna insoluble para el sujeto, y por lo tanto, el único desenlace posible, afirma Laplantine, es una reacción regresiva y psicótica.

Para concluir, el autor agrega que otro aspecto relevante de este fenómeno, es la naturaleza de los síntomas, ya que los mismos que en sociedades “primitivas” son entendidos y tratados dentro de la comunidad, con la llegada de la cultura occidental comienzan a transformarse también, y los individuos enferman sin que los rituales puedan enfrentar tan eficazmente como antes, la deculturación producida por el avance económico y por la introducción de valores culturales disímiles a su propio grupo de origen. Así, a modo de ejemplo, ha llegado la psicosis a África, no solamente por los efectos deculturantes del avance económico, sino también por la introducción de los modelos patológicos occidentales en la cultura africana.

·         Laplantine, F. (1979). La Etnopsiquiatría. Gedisa Editorial, Barcelona.


[1] Laplantine, F. (1979). La Etnopsiquiatría. Pág. 79.
[2] Laplantine, F. (1979). La Etnopsiquiatría. Pàg. 81.

jueves, 14 de junio de 2012

Piel urbana

Salgo a la calle. Todavía no amanece. Las calles están mojadas, y se me van pegando las hojas en los zapatos, húmedas con la última lluvia. Miro al cielo, casi negro… no sé si es neblina o son nubes… parece que hoy no saldrá el sol. Subo a la micro, los vidrios empañados… voy recorriendo las casas mientras avanza. Esta es una zona muerta. Cuando llego a esta cuadra, me decía alguien, hace más frío. Acá no crece una flor. Quizás tenga razón, y la zona muerta esté efectivamente habitada por los que transitaron por el estadio… Entonces, me voy acercando. En este lugar todo es vida… Ya he bajado de la micro y camino cerro arriba y los sentidos hiperalertas a los olores, las texturas… esas que casi puedo tocar con los ojos. Naturaleza, miedo. Siempre que quedo sola con los árboles corro el riesgo de quedar sola conmigo, y algo duele. Quién sabe qué cosa… pero los pensamientos se me hacen agua, situación siempre incómoda, como si alguien pudiera ver eso, y fuese a preguntar por qué. Será que no hay respuesta, o que verme así me resulta embarazoso… y voy pensando, lo difícil que será verte y saber que me ves… anticipando ese encuentro me sujeto del cuello del abrigo. Sus ojos ya me dan alcance. Y nada saco con mantener las manos aferradas a este abrigo, inútil coraza. Siento que efectivamente no puedes ver lo que hay debajo, y aun así, podría caer en ese abismo que forman tus ojos. Es como si conocerte tanto me expusiera a que me pidieras algo, y mi boca cerrada no logra callar. Imagino que todo en mí expresa algo, posible de descifrar. Terrible. Con qué sentido valdría la pena algo así, y mis pensamientos pasean minutos-horas por fantasías de invasión a mi abrigo… ojos, palabras, pensamientos rozando espantosamente mi piel… como espinas que llegan al alma. Sin embargo no hay indicios reales de que eso pueda pasar… nada traduce la intención de tu mirada incisiva… puede ser simple curiosidad, reproche (de qué?), y conociéndote, miedo. Miedo a que yo te observe y te vuelva a mirar por dentro.

viernes, 8 de junio de 2012

PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y SU INCIDENCIA EN POLÍTICAS PÚBLICAS



Introducción.
Corrían los años 86' 87' más o menos, cuando asistía al liceo. Venía llegando de un colegio particular, “izquierdista” (que da para un tratado por cierto...) y sin comprender mucho, me senté al lado izquierdo de la sala. No era casual. Era una obligación implícita sentarse según la postura política que uno tuviera... y que definitivamente había que tomar. En ese entonces, la situación era extrema, y transitábamos entre el sí y el no. la efectiva combinación de la historia con las técnicas publicitarias nos convencieron que la “alegría venía” (el slogan era LA ALEGRÍA YA VIENE). Y si bien estábamos en dictadura, y ya se había comenzado a instaurar la reforma educacional, aun gozábamos de más horas de historia, educación cívica, economía política entre otros ramos que han sido sacados de la currícula escolar.
Por qué me acuerdo de ésto? Porque creo que no sabía que sabía. Años más tarde, en un momento más reciente de la historia, la revolución pinguina se hizo presente, disconforme con este cambio educacional del cual sus padres fueron testigos. Curioso. En dictadura, en transición a la democracia... y recién 20 años después, aparecen recién los primeros signos de descontento. El punto es que recordando las técnicas de guerra y de política, y quizás, hasta recordando las palabras de mi padre, miré con desazón el momento en que luego de tensas jornadas de protesta, el gobierno organizó una mesa de diálogo con los estudiantes. Cuando ocurre ésto, el movimiento se acaba, porque se diluye en la negociación, decía mi padre.
Sin embargo, el año pasado, pareció la siguiente noticia en CNN “El Presidente Sebastian Piñera hizo un llamado urgente a retomar las conversaciones entre todos los actores sociales, para terminar con los tres meses de conflicto en la educación. Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, valoró el cambio de postura "y disposición a abrir una puerta para destrabar este conflicto".
Evidentemente el panorama es complejo, dado que las secuelas destructivas aledañas a las movilizaciones, y su amplia difusión comunicacional, han conseguido homologar la causa con los resultados indeseados. Como si no tuviéramos capacidad de discernir, se ha comenzado a escuchar reiteradamente el cansancio que, en todo caso con justa razón, siente la gente tras meses y meses de ver reducidos sus ingresos, saqueados sus negocios, quemados sus autos, muertos a sus hijos, torturados otros, pero desde un lugar subjetivo en que desaparece la conciencia del origen de lo que está sucediendo.
No todos tenemos la capacidad de manifestarnos caminando por las calles diciendo, “estimado ciudadano, estoy un poco en desacuerdo con mi educación, ¿tendría usted la amabilidad de modificar esta situación?”, luego, sin justificar los hechos violentos, sino apoyando la creatividad (recomiendo youtube donde salen videos cantados, bailados, etc. en pro del cambio educacional) que no ha sido destacada en las formas de manifestación, es probable que con algo así, la petición no saldría en las noticias.
Cuando escuchamos las declaraciones de los jóvenes en ella, las imágenes nos muestran pancartas con frases como “educación gratuita” y “educación de calidad”.
Pero son estas imágenes, las que también hicieron salir a la luz otras noticias,
 Cuatro universidades obtuvieron más de $10 mil millones en ganancias durante 2009. Según los datos del Servicio de Información de la Educación Superior del Mineduc (SIES), las 58 casas de estudios que entregaron sus datos acumularon utilidades por un total de $84 mil 165 millones. Si se suman los institutos profesionales y centros de formación técnica, el mercado de la educación superior totalizó ganancias por $108 mil 800 millones. De las universidades, 43 terminaron con números azules, siendo la U. Tecnológica Inacap la de más ganancias. El director del Centro de Políticas Comparadas en Educación de la UDP, José Joaquín Brunner, ve en estos datos un acto de mayor transparencia, pero cree que la información aún es insuficiente y considera "curioso" que algunas instituciones se nieguen a entregar sus datos. (28/12/2010 El Mercurio)
Finalmente lo central del tema de la educación, es que el sistema completo está cuestión, desde sus distintas dimensiones; lucro, calidad, equidad, crecimiento país… entre otras aristas. Lo cierto es que desde la famosa revolución pingüina hasta nuestros días, las noticias sobre los movimientos estudiantiles han ido en aumento. Sorprende, que cotejando los niveles de participación en las elecciones, hayan sido duramente criticados por su falta de participación, mientras que los medios se encuentran atestados de noticias de estudiantes en tomas (durante meses), colegios cerrados… una ciudad que cambia por completo su dinámica diaria por la intrusión de los petitorios estudiantiles. Incluso, se desarrollan análisis en este sentido. Delamaza cita al PNUD,
La escasa participación directa de los ciudadanos en las democracias modernas, el debilitamiento de los mecanismos de representación tradicionales,  la tecnificación del proceso de toma de decisiones, y el predominio de las concepciones elitistas y solo delegativas en las democracias en América Latina (Avritzer, 2002), son factores que impulsan la necesidad de fortalecer la “dimensión participativa de la democracia” (PNUD, 2004).[1]

Participación ciudadana.
Entonces cabe preguntarse qué se está entendiendo por participación. Para definirla, Lahera (2008) hace una comparación entre la visión tradicional y restrictiva de la participación  ciudadana en el ámbito público, donde la participación se limita a la entrega del voto a un candidato, habitualmente escogido por las estructuras partidarias, es decir se trata de una democracia representativa, en contraposición de la democracia directa, en la que los ciudadanos ejercen el poder directamente.
En este tipo de democracia (directa), las tareas de gobernabilidad no se acaban con las elecciones, sino que continúan con el diseño de las políticas públicas. La participación, dice el autor, es un proceso. Y explica,
“Ésta se refiere a la posibilidad que personas o grupos tienen para influir, hacerse presentes en la agenda pública y también en la formulación, ejecución y evaluación de las políticas públicas.”[2]
Esto conlleva varios beneficios: al haber menos temas atribuibles a algún grupo social, se puede favorecer el abordaje de los temas públicos. También permite una distribución más equitativa del poder, posibilita hacer valer las opiniones ciudadanas, expresa la participación ciudadana, y es un elemento indispensable de la burocratización de los actos gubernativos.
Sin embargo, si bien en los años noventa la participación ciudadana parecía ser una idea “políticamente correcta”, Delamaza (2010) señala que tal como sucede con este tipo de conceptos, nadie se ocupó de aclarar su significado, de tal forma que el término podía y era usado de múltiples formas. Pero, además, agrega el autor, comprendía:
“… el supuesto implícito de que su afirmación no comprometía ningún cambio concreto en las orientaciones y prácticas del proceso político e institucional. Estar de acuerdo no tenía consecuencias prácticas.”[3]
El debate iniciado por la revolución pingüina entones, el año 2006, transita entre la apertura y rápida clausura del debate sobre “gobierno ciudadano”, refiere el autor. Se vio entonces, que el consenso no era tal, al momento de concretar las transformaciones que la sociedad civil demandaba, porque en el entrecruce entre el debate conceptual y la opinión política, existen diversos argumentos críticos, acerca de la posibilidad de introducir mecanismos institucionales de participación ciudadana. En este sentido, se critica por ejemplo, que en última instancia no todas las áreas de la sociedad están representadas (sólo los migrantes, sólo los discapacitados, sólo los homosexuales… etc.), la falta de conocimiento técnico de los ciudadanos, el debilitamiento de la sociedad representativa, en tanto el papel que juegan los partidos políticos.
Y en este sentido, efectivamente es lo que ha estado sucediendo no sólo en Chile, sino también en otros países. Desde este punto de vista, podría suponerse que ante el actuar de los estudiantes y el segmento “adulto” de la sociedad civil que los apoya en diversas instancias, no estaríamos frente a una falta de participación, sino a un debilitamiento de la democracia participativa, entendiendo con ello, la in?capacidad de los partidos políticos de hacerse cargo de las demandas sociales. No se trata de promover la no votación, sino de señalar que frente a la baja de las votaciones de los jóvenes, no nos estaríamos encontrando con personas abúlicas ni indiferentes, como hasta hace poco tiempo se interpretaba dicho dato estadístico. Y lo cierto es que han podido incidir efectivamente en las políticas públicas de educación en forma inédita y sustancial, aun cuando no se haya logrado los objetivos a cabalidad.
Políticas públicas.
Pero qué se entiende por políticas públicas?  Para Lahera (2008), el concepto refiere al
“… programa de acción de una autoridad pública o al resultado de la actividad de una autoridad investida de poder público y de legitimidad gubernamental”. [4]
Este concepto, agrega el autor, se empalma con los cursos de acción y flujos de información, relacionados con un eventual objetivo público, el cual ha sido definido de manera democrática. Estos son desarrollados tanto por el sector público, como por el privado.
Otra definición posible, es la que proponen Ruiz, D. y Cárdenas, C. (2012) es la siguiente:
“Las Políticas Públicas  se pueden entender como el ámbito privilegiado de realización del “pacto” entre Estado y sociedad. Un nuevo papel del Estado, en el sentido de hacerlo más ágil y organizador. Aquí podemos rescatar el sentido participación entre estos dos actores, pero el objetivo final de beneficio a la sociedad… (es) un punto que muchas veces queda olvidado, de aquí el fracaso de muchas Políticas Públicas.”[5]
Si bien los componentes de una política pública son similares, el enfoque de cómo se conciben, varía en relación a la forma y la proporción de la participación ciudadana en su elaboración. Es por ello que en realidad las definiciones utilizadas, son objeto permanente de discusión, dado que no es una discusión zanjada, así como tampoco la pertinencia ni los mecanismos de participación ciudadana.
Son importantes además, los diferentes escenarios en que deben actuar, los métodos usados, las formas de acercamiento, participación y el desarrollo o inicio de la políticas mismas. Del mismo modo, cada política debiera tener un sistema de seguimiento que permitiera medir su eficacia en el tiempo, asumir mejoras, éxitos, fracasos y su persistencia en el tiempo.




Incidencia en políticas públicas.

“Un elemento clave para comprender los procesos de incidencias en políticas públicas, es reconstruir el proceso que viven las / los líderes y dirigentes sociales, junto a sus organizaciones e instituciones civiles, sobre cómo se fueron dando las interacciones y relaciones en los contextos particulares donde intervinieron y actuaron. Para esto es necesario revisar lo más detalladamente posible los pasos, hechos y circunstancias de la actuación concreta que llevaron, a estas instituciones u organizaciones y sus líderes a incidir en una política pública.”[6]

A lo largo de la historia, y particularmente en las sociedades modernas han surgido agrupaciones de personas que se organizan para distintos fines, desembocando en muchos casos, en grandes cambios sociales usando distintos mecanismos de acción, que van desde el uso de la violencia, la resistencia pacífica, el uso de sistemas de negociación, o una combinación de estas modalidades. Sus características, tienen relación con las capacidades de influir del campo político, social y cultural, y su incidencia en las políticas sociales.

El término “incidencia”, significa desde la RAE, a "repercutir", es decir, "causar efecto una cosa en otra", o, "insistir, hacer hincapié en algo". Por su parte, si tomamos en concepto "política" desde la misma fuente, encontramos que significa la "actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo." Entonces habremos de proseguir en la construcción de una posible definición de "incidencia política", para entender cómo es que el movimiento estudiantil ha llegado a conseguir modificaciones en dichas políticas, a partir de sus acciones.

Por otro lado, hay que señalar que las políticas públicas, como se definió anteriormente, pueden entenderse como las acciones que desarrolla un gobierno para dar respuestas a las diversas demandas de la sociedad. Y son los instrumentos que el Estado utiliza para intervenir y realizar un proceso de planificación social que contribuya a la integración social. En un sentido más valórico, las políticas públicas pueden ser entendidas como la introyección de valores socialmente consensuados a través de programas.

Pero además, si bien, la políticas están definidas por acciones, estas también pueden darse desde las omisiones de esas acciones, puesto que no intervenir, es también una toma de posición.

Entonces, podría decirse que la incidencia en políticas públicas
“… consiste en la organización de un proceso deliberado o planificado para influir en algún actor con poder de decisión, o es la acción política organizada para planificar esfuerzos orientados a la transformación de las políticas públicas en función de corregir desigualdades mediante la redistribución de recursos.”[7]
Aun podríamos agregar otras definiciones, como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, 2002) que señala que la incidencia política está referida
"… a los esfuerzos de la ciudadanía organizada para influir en la formulación e implementación de las políticas y programas públicos por medio de la persuasión y la presión ante autoridades estatales, organismos financieros internacionales y otras instituciones de poder. Consiste en un cúmulo de actividades dirigidas a ganar acceso y generar influencia sobre personas que tienen poder de decisión en asuntos de importancia para un grupo en particular o para la sociedad en general." [8]
En suma, la incidencia política supone fortalecer la participación ciudadana y el proceso de organización de la comunidad, ya que es a través de un proceso de planificación que ellas realizan, que consiguen orientar y dirigir los cambios que se pretenden llevar adelante.
Ahora bien, dentro de estas definiciones, se distinguen distintos niveles de incidencia. Respecto al tema que nos convoca, a saber, el movimiento estudiantil que ha intentado incidir en las políticas públicas educacionales, es posible encontrar una abundante cantidad de información, acerca de las distintas acciones que se llevan realizando desde hace ya seis años al menos, para cambiar el sistema educativo.

Reconstrucción del desarrollo y ejecución de la experiencia.
Este movimiento, inicialmente fue visto públicamente por las protestas públicas, teniendo como actores principales a los estudiantes. Cabe señalar, que el mundo político en pleno se hizo parte de esta demanda, negándose incluso a recibir a los estudiantes en sus sedes partidarias. Respecto a sus líneas de acción, es evidente que la movilización debió iniciarse en primera instancia en diversas formas de comunicación ya sea por asambleas, reuniones, y más recientemente a través de las redes sociales, ya que de otro modo no podrían haber convocado a salir a las calles. En un primer momento, se trató básicamente de las protestas ya mencionadas, con el fin de poner en la agenda pública sus demandas de una educación gratuita y de calidad. Las autoridades accedieron a dialogar y reformar, poniendo en primera plana la famosa ley LOCE.
En un segundo período, si es que se pudiera identificar uno, las intervenciones y acciones sociales se volcaron a realizar eventos culturales, videos, y manifestaciones, aun cuando no se identificaron líderes relevantes hasta la llegada de Camila Vallejos. Aun así, el movimiento no se adscribe a ningún partido político en particular, dejando entrever constantemente, que es justamente la democracia representativa la que se ha puesto en cuestión, ante su incapacidad de acoger sus demandas, e incidir concretamente en el mejoramiento de la educación. La participación de los estudiantes, y ahora la convocatoria a toda la sociedad, es la fuerza que consigue efectivamente poner el tema en la agenda, realizar reformas, y actualmente, modificar las condiciones de pago y acceso a la educción pública, pese a no ser esto, el punto de fondo de la demanda.

Reconstrucción del problema que se quiso enfrentar con la acción de incidencia.
Las causas de esta conflictiva, se remonta al menos a los años 80’ con el traspaso de los establecimientos fiscales, a los municipios, según explica González (1998), cambia la regulación laboral de lo docentes y surge el sistema de financiamiento compartido. El ofrecimiento de la educación comienza a regirse por las leyes de la libre demanda, por lo tanto, se asume que puedo o no, haber un lucro de por medio. Este sistema, debía eventualmente incentivar el mejoramiento de la calidad de la educación, pero sin embargo esto finalmente no ha sucedido. Por el contrario, la tendencia ha sido a bajar su calidad, dificultar el acceso a ella, y subir considerablemente sus costos, tal como se pudo apreciar en la noticia citada al inicio de este documento.


Reconstrucción de contexto y del análisis contextual donde se incidió.

En el año 2006, luego de varios años de democracia en que la participación ciudadana fue entendida como el aporte en manos de obra gratis para mejorar las calles, por ejemplo, en programas gubernamentales, pero que finalmente no tenían relación con las profundas carencias y los reales intereses de los ciudadanos, es que el movimiento estudiantil comienza a tomar fuerza, desde los propios establecimientos educacionales, en algunos casos con el apoyo de docentes, y de ninguna manera de partidos políticos ni de gobierno. Ante la estupefacción de los adultos, y la incapacidad evidente de poder abordar lo que sucedía, se produjeron constantes cambios de ministros de educación.

Descripción de la intencionalidad y propósito que guiaron la experiencia.
Con estas nuevas formas de ejercer presión social de los estudiantes, se buscaba un cambio radical en el sistema educacional; ser escuchados por el gobierno de turno, y no por uno en particular. Se trataba, según manifestaban de un interés nacional, que debiera trascender los períodos presidenciales, conscientes además, que los beneficios en caso de conseguir cambiar el sistema educacional, se verían al menos en las siguientes generaciones. Es decir, el curso de las acciones iba encaminada a poner el tema en agenda, a incidir en las políticas públicas para finalmente beneficiar a la sociedad con un derecho considerado inherente al ser humano.

Análisis de la estrategia de incidencia implementada.
1.       A nivel de estrategia general de incidencia.
Junto con las asambleas, paros, protestas, se realizaron tomas de los establecimientos educacionales, en forma cada vez más radical, al punto de haber llegado a estar siete meses con los colegios cerrados, asumiendo todas las consecuencias que ello traería.
2.       A nivel de la relación con los medios de comunicación; las preguntas fueron.
A nivel de comunicación, se activaron las redes sociales, y a medida que pasó el tiempo, han ido prestando cuidado a diferenciarse de los discursos que inicialmente los asociaba a la destrucción y la violencia que parte de los asistentes a las manifestaciones infringían en el inmobiliario público. Asimismo, se han ocupado de enviar comunicados de prensa, y de reiterar que los logros conseguidos hasta el momento, son un avance, pero no la realización del objetivo final.
3.       A nivel de la construcción de redes.
Una de las cosas que ha caracterizado a este movimiento, es que no ha habido asociaciones específicas que la encabecen, ni partidos políticos. Es un movimiento que se organiza a nivel nacional, donde el liderazgo va circulando de acuerdo a las circunstancias. Esto ha sido criticado desde la esfera política, e interpretado como un elemento que le resta fuerza al movimiento, y que finalmente le impedirá trascender con sus demandas a lo largo del tiempo, situación que aun no sucede, y pese a ello, se han conseguido reformas importantes, como es la reducción de las tasas de interés de los créditos, el cambio de los criterios en el otorgamiento de becas, la política pública relacionada con el estatuto docente, entre otros.

4.       Sobre los logros alcanzados
Primeramente, se logró poner el tema de la educación en la agenda pública, en forma prioritaria. Si bien los estudiantes han podido participar de las discusiones, se podría decir que recién en el último tiempo se ha evidenciado una mayor incidencia de las acciones y eventuales negociaciones con el gobierno. Han conseguido, como nunca antes sucedió en democracia, que se hicieran reformas al sistema de financiamiento, excluyendo los bancos de la asignación de créditos, bajando las tasas de interés desde un 12%, 10% a un 2%, con una serie de otras indicaciones. Se han creado políticas orientadas al mejoramiento de la calidad docente, tales como incentivos para estudiar pedagogía, becas de perfeccionamiento, sistemas de evaluación, entre otros logros, aun cuando todas estas medidas no están exentas de críticas. No obstante, el movimiento estudiantil lo interpreta como un avance.

5.       Cuáles son los aprendizajes: observar y analizar los resultados de la experiencia
El movimiento estudiantil ha tenido dos períodos fuertes. El primero, se caracterizó por la fuerza y persistencia de sus acciones, y por tener una demanda transversal que consiguieron poner en agenda. En un segundo momento, se diversificaron en sus formas de intervenir y convocar, intentando diferenciarse de quienes hacen destrozos en la vía pública. Junto con ello, la forma en que lograron convocar a otros actores sociales, sumarlos a sus demandas y permanecer movilizados, ha conseguido que se comiencen a ver resultados concretas, signos inequívocos de que han incidido en las políticas públicas educacionales más que cualquier partido político.

En síntesis.

Al pensar en la participación ciudadana, Delamaza (2010) expone una serie de argumentos y contra - argumentos para explicar los elementos que la hacen posible o no, en materia de incidencia en políticas públicas. Uno de ellos, por ejemplo, es el hecho de la demora que tendrían los procesos si todos participaran, el equilibrio económico de la cuenta fiscal, entre otros. Asimismo, esto podría hacer peligrar las políticas públicas tal como se las convibe la imposibilidad de satisfacer a todos los actores sociales, o la falta de madurez de la sociedad, en el sentido de poder crear mecanismos de participación, fuera de los ya existentes.
Sin embargo, me parece que el caso del movimiento estudiantil, es un ejemplo posible de que la incidencia en políticas públicas desde la participación ciudadana es factible. Si bien se les puede criticar las consecuencias que han tenido sus acciones, es indudable que han quedado atrás las críticas de la poca validez, la ausencia de sustento teórico (político), y la falta de representatividad.
Cabe destacar también, que muestra de alguna manera, la necesidad de retractarse y re considerar la afirmación de que los jóvenes no se interesan por el mundo que nos rodea, y de que no participan. Participar cómo? La discusión ha se ha puesto en marcha, en torno a la necesidad de reinventarse como sociedad, tema que algunos políticos ya han intentado poner en discusión (sin éxito aun).
Lo cierto es que en estos momentos, las políticas públicas en educación se están modificando (aun cuando como se ha dicho anteriormente no son cambios de fondo) a partir de la participación de los estudiantes en esta materia. Todos los demás actores que han participado, se han ido sumando a un movimiento que inicialmente fue exclusivo de los estudiantes.


BIBLIOGRAFÍA

·         Ashoka. (2009). Incidencia en políticas públicas. Sistematización de las experiencias Ashoka. Santiago.
·         Choy, M. (2005). Cómo incidir en políticas públicas. Paraguay. Extraído el 04 de junio de 2012. http://www.cird.org.py/sociedadcivil/documentos/MANUAL_COMO_INCIDIR_EN_POLITICAS_PUBLICAS.pdf
·         Delamaza, G. (2010). Estado actual y desafíos para la institucionalización de la Participación ciudadana en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas en Chile. En Participación y políticas Públicas SEGPRES. Santiago.
·         González, P. (1998). Financiamiento de la educación en Chile. Santiago. PREAL-UNESCO.
·         Lahera, E. (2008). Introducción a las Políticas Públicas. Fondo de Cultura Económica. 2ª Ed. México D.F.
·         Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA). (2002). Manual básico para la incidencia política. Programa Centroamericano de Capacitación en Incidencia. El Salvador. WOLA. Extraído el 04 de junio de 2012. http://www.google.cl/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CE0QFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.ebpdn.org%2Fdownload%2Fdownload.php%3Ftable%3Dresources%26id%3D372&ei=nrvQT6O_A5Go8QTHyZG_AQ&usg=AFQjCNGgnypabEQijRcFU041wFF7A0PeEQ&sig2=JddTQe_nMht_DQfPnXo6-g
·         Sirker, K. Manual Incidencia Política, Comunicación y Formación de Coaliciones Ciudadanas. Extraído el 04 de junio de 2012. http://www.cebem.org/cmsfiles/publicaciones/Manual_Incidencia_politica.pdf


[1] Delamaza, G. (2010). Estado actual y desafíos para la institucionalización de la Participación ciudadana en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas en Chile. En Participación y políticas Públicas SEGPRES. Pág. 1. Santiago.
[2] Lahera, E. (2008). Introducción a las Políticas Públicas. Pág. 21. Fondo de Cultura Económica. 2ª Ed. México D.F.
[3] Ibid.
[4] Lahera, E. (2008). Introducción a las Políticas Públicas. Pág. 13. Fondo de Cultura Económica. 2ª Ed. México D.F.
[5] Ruiz, D.; Cárdenas, C. ¿Qué es una política pública?. Pág. 3. http://www.unla.edu.mx/iusunla18/reflexion/QUE%20ES%20UNA%20POLITICA%20PUBLICA%20web.htm . Extraído el 06 de junio de 2012.
[6] Ashoca. (2009). Incidencia en políticas públicas. Pág. 6. Sistematización de las experiencias Ashoca. Santiago.
[7] Ashoca. (2009). Incidencia en políticas públicas. Pág. 30. Sistematización de las experiencias Ashoca. Santiago.
[8] WOLA. (2002). Manual básico para la incidencia política. Programa Centroamericano de Capacitación en Incidencia. El Salvador. WOLA.